Los judíos errantes de Hervás

Los judíos errantes de Hervás

Hervás es uno de esos lugares fronterizos que tanto me gustan por su mestizaje. Perteneció al ducado de Béjar (señorío de los Zúñiga) hasta 1816, y poco después pasa a ser una villa extremeña, aunque está más cerca de Salamanca (98 km) que de Cáceres (113 km).

El asentamiento se funda en la Edad Media en torno a la devoción a Santihervás (de ahí su topónimo) por parte de los templarios que, entre otros monumentos, nos dejan su antiguo castillo.

La Casa Ducal de Béjar se caracterizó por su tolerancia (en la villa convivieron las tres grandes culturas medievales) y por su mecenazgo (Cervantes dedica el Quijote al duque de Béjar, lo mismo que Góngora con las Soledades), así como su apoyo a la industria, sobre todo a la textil para aprovechar la lana de las ovejas, el agua y la madera de sus montes. Con el fin de fomentar su desarrollo el ducado trae a artesanos pañeros flamencos que en el XVIII crean una industria textil que continuó la burguesía con el liberalismo del XIX.

Aunque la capital de la industria textil estuvo en Béjar, también Hervás participó en esta actividad industrial, hasta su declive en la segunda mitad del siglo XX. En un principio es probable que a este fenómeno industrializador no fueran ajenos los judíos, más numerosos en la capital (Béjar) que en Hervás, en la que no se documenta su presencia nada más que a partir del XV, cuando huyen del ambiente antijudío que se extendía por la meseta o cuando ya habían sido expulsados por los Reyes Católicos, y van de paso para Portugal, como otros muchos. Por tanto, la estancia de las 45 familias judías documentadas en Hervás es muy limitada en el tiempo, lo que hace difícil que hayan levantado el barrio que lleva su nombre.

La construcción típica del llamado barrio judío es en realidad arquitectura popular de la sierra, que consiste en el uso de sillarejo, adobe y madera, con paredes protegidas por teja árabe, pero faltan los soportales en los que los comerciantes expondrían sus productos al resguardo de las inclemencias atmosféricas, el cementerio, los baños y falta la ubicación documentada de una sinagoga, imprescindible en su cultura.

La realidad es que Hervás tiene una parte humilde en su arquitectura situada en la cuesta que lleva al río Ambroz, y otra zona más noble, donde se asientan las iglesias y el castillo, en la parte llana, alta y soleada donde predomina la piedra labrada en las construcciones y la amplitud en sus calles. Es probable que las familias judías que pasaron por Hervás se instalasen transitoriamente en la zona más deprimida de la villa, y de ahí el nombre del barrio.

A unas conclusiones similares llega el escritor austriaco Erich Hackl, estudioso de la convivencia con los judíos en la época nacionalsocialista, que quedó intrigado por el arraigo tan significativo que dejaron los judíos en una villa periférica en lo económico, geográfico, político y social.

Aunque también pudiera ser que en el Romanticismo más idealizante y nostálgico, Maruxa, la legendaria judía errante por la Fuente Chuiquita y el bosque de castaño de La Chorrera, transmitiera por todas las esquinas nocturnas el dicho:

En Hervás, judíos los más.

 

El Sil, el río que quiso ser rebelde

El Sil no es un río cualquiera. No se dejen engañar por la brevedad de su nombre, casi un silbido. También el recorrido de sus aguas es breve, intenso, profundo, con ecos donde anidan las rapaces.

Nacimiento del Sil

Como sus hermanos, nace para correr hacia el sur mesetario donde hunde su indolencia el Duero, pero con los primeros pasos deja clara su rebeldía, da un giro inesperado y decide marcar una ruta diferente, por bosques y valles a los que quiere bautizar con sus aguas. Aunque en esta aventura no sale bien parado, según lo expresa el dicho popular: El Sil lleva el agua y el Miño la fama.

En tan corto recorrido, sus aguas nacidas de las nieves de la cordillera Cantábrica horadan tierras agrestes para buscar lo más profundo de los valles que forman cañones, y esa va a ser su desgracia porque los humanos lo domestican con docenas de embalses en los que la fuerza de sus aguas queda enjaulada. Esa riqueza hidroeléctrica no va a ser la única que le extraigan los humanos. Ya los romanos encontraron en su vientre las pepitas de oro más grandes del Imperio, desde el nacimiento hasta el final, pero sobremanera en las Médulas bercianas.

Las Médulas

Además, toda su cuenca abriga las mayores vetas carboneras para teñirlo de negro, igual que las pizarras que cubren las casas de la ribera, negras y brillantes como las escamas de un lagarto que esconde su osadía agazapado en bosques milenarios.

Canón del Sil, poco antes de dar sus aguas al Miño

Sobre su cauce levantaron los caballeros templarios los mejores castillos (Ponferrada y Cornatel) para proteger los caminos y los amores frustrados de los que nos habla Enrique Gil y Carrasco (nacido en estas tierras bercianas hace 200 años) en la novela romántica “El señor de Bembibre”.

Al final del recorrido no quiere dejarnos con mal sabor de boca y riega los terrenos con la uva tinta Mencía en el Bierzo, la blanca Godello en Valdeorras y los viñedos más escarpados de Europa donde maduran los vinos de la Ribeira Sacra, repleta de monasterios al borde del precipicio. En lo alto del cañón insondable siempre habrá algún monje de un convento medieval que bendiga las aguas amansadas por el ingenio humano antes de mezclarse con las del Miño.

 

 

Publicado en agosto de 2015 en LITERARIAS

 

¿Qué es la felicidad?

La gramática dice que la palabra felicidad es un sustantivo abstracto porque no se percibe por los sentidos, pero el género humano lleva luchando toda la vida para que los sentidos experimenten ese estado de ánimo de satisfacción y alegría por encima de todos los demás deseos. Para lograrlo, inventamos las religiones, elaboramos alucinógenos, derrochamos fortunas, escarbamos las entrañas de las tierras y las vísceras de las bestias, teorizamos doctrinas filosóficas.

En la cumbre de Peña Blanca (Somiedo)

En ocasiones, la felicidad, esa sensación tan simple y universal, única riqueza del ser humano, nos es esquiva e intentamos cortejarla, exhibiendo nuestros encantos, invirtiendo esfuerzos y dineros. En otras ocasiones, la felicidad se alcanza desde la sencillez, como el cínico Diógenes cuando es encontrado por el todopoderoso Alejandro Magno. Y es que ya lo dijo el asceta oriental Buda: No hay un camino a la felicidad, la felicidad es el camino.

Vida y muerte en Las Ubiñas

Por la mañana, un viento ligero del suroeste movía las nubes que pasaban por encima de nosotros con la inconsistencia de inofensivos fantasmas de túnica veraniega. Más tarde, la fuerza del viento fue arreciando  y enfriándose, lo que nos obligó a abrigarnos, a pesar de estar a mediados de julio. Por la tarde, el viento roló en pocos minutos y sacó de la nada un silencioso ejército de nubes bajas y neblinas norteñas que rápidamente se enroscaron por las rocas para cubrir los montes y ocultar los valles. Poco después, orvallaba.

Tuiza y Ubiña

Así es la vida en el Parque Natural de Las Ubiñas y La Mesa. Capaz de metamorfosear en un instante un paisaje bucólico, agreste, vivo. Un paisaje donde se alimenta la cabaña de la alta montaña cantábrica: cientos de vacas casinas acompañadas por toros amenazantes, cabras y ovejas de los más variados colores, caballos con sus crías, casi todos con el cencerro al cuello.

  Y los mastines, que se mimetizan al emboscarse entre las hierbas de los pastos, pero que se hacen amenazantemente visibles cuando quieren proteger al ganado de seres extraños, sean humanos o lobos.

Foto de Alfonso Contreras

En los dos o tres meses en los que desaparece la nieve, el hielo y otras inclemencias atmosféricas, las flores visten de colores y envuelven con sus olores el paisaje. En tan poco tiempo, exhiben con una intensidad inaudita sus mejores galas, siempre diminutamente grandiosas y tan efímeras que quedan grabadas para toda la vida en la memoria del paraíso.

Clavelina Deshilachada
Foto de Alfonso Contreras
Mordisco del Diablo
Foto de Alfonso Contreras

Pero, como todos nosotros sabemos, y por paradójico que nos parezca, la vida y la muerte están inseparablemente unidas entre sí, de tal forma que no puede entenderse una sin la otra.

Despojos de una vaca en un prado cubierto de la flor quitameriendas (Merendera Montana)

En 1745 Mijaíl Lomonosov y Antoine Lavoisier, por diferentes caminos y métodos, llegan a la misma conclusión, a la ley que dice que la materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma. La evidencia nos dice que la muerte de la vaca de la foto dio vida a otros animales de diferente catadura. Algunos les arrancaron las patas para llevarlas a sus guaridas para un banquete privado, y otros muchos tuvieron el festín en la misma mesa siguiendo un estricto orden protocolario. Al final, solo quedan los huesos mondos y lirondos.

Ya lo escribió en el Siglo de Oro Lope de Vega con más claridad: – “La vida es corta: viviendo, todo falta; muriendo, todo sobra”.

Todo lo que vemos en el Macizo de Las Ubiñas nos recuerda la ley de Lavoisier-Lomonosov. Como las piedras de construcciones abandonadas de unas cabañas que son utilizadas en otra de diferente estética.

Cabañas derruidas
Cabaña en uso

Y también en la vida humana, como estos dos niños, que se divierten con un tractor de juguete en torno a un balagar infantil.

Tuiza

Y es que solo se muere una vez, aunque, para mi desgracia, es para toda la vida.

Picos de Europa

Escribió el filósofo alemán Nietzsche que el camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio. Y el silencio es una de las primeras notas sensitivas que ofrecen los Picos de Europa. Pocos animales viven en estas alturas inhóspitas que los humanos siempre miraron con respeto y distancia. Las acusadas inclemencias meteorológicas también impiden el crecimiento de vegetación, solamente unos hierbajos se acurrucan al abrigo de enormes roquedales contra los que choca el viento, el único gemido de soledad que se puede oír.

Son los cuatro elementos esenciales de estas alturas (viento, agua, hielo y nieve)  los que dibujan y pintan los farallones con los colores que nos indican sus topónimos (Peña Blanca, Picos Albos, Peñalba, Torre Bermeja, Horcados Rojos, Coteras Rojas, El Naranjo de Bulnes, Altos del Verde).

Los tres macizos, desgajados de la Cordillera Cantábrica, ofrecen a la vista una verticalidad que da lugar a los mayores desniveles de todo el continente, así los cainejos, al lado del río Cares, viven 2.200 metros debajo deTorrecerredo, a menos de 40 kilómetros del mar.

Torre del Friero (2.445 m), Collado Jermoso (2.064 m) )y el valle de Valdeón (500 m) al fondo. Desde la Torre de Peñalba (2.607 m)

El 26 de abril de 1336 el poeta italiano Francesco Petrarca subió a lo más alto del Mont Ventoux, ese puerto que popularizó el Tour de Francia y en el que murió envenenado por la mezcla de estimulantes y alcohol el ciclista inglés Ton Simpson en 1967.

Desde la cumbre, Petrarca no hizo caso de lo que se extendía ante los ojos porque su mente ya había idealizado la visión que le destilaban sus lecturas del poeta latino Horacio. Es el paisaje bucólico (el tópico locus amoenus) que va a imperar durante siglos en la literatura europea de forma repetitiva. Es muy probable que ese día el monte estuviera cubierto de niebla, pero eso le daba igual porque desde el comienzo del ascenso llevaba en su cabeza un paisaje poetizado.

Mi experiencia en los Picos de Europa en la primera semana de julio de 2017 fue la contraria a la de Petrarca. Cada paso que di, me abrió la posibilidad de descubrir algo nuevo o desde otra perspectiva.

La verticalidad de sus paredes empequeñece la arquitectura gótica de las catedrales más esbeltas. Entre las grietas es posible ver arbotantes y simas que conducen al centro de la tierra. Y en lo alto, las agujas de las torres forman caprichosas filigranas que desafían al cielo.

El tiempo erosionó la roca de diferente manera, redondeándola como en el Urriellu, espigándola como en el pico de los Cabrones, desgajándola como en el Llambrión, amurallándola como La Palanca, angulándola como el piramidal pico Tesorero.

Torrecerredo y Urriellu desde La Palanca

A veces la piedra está cuarteada como tierra reseca, agrietada como un paquidermo que vive sus últimos días, pulida como una lápida expoliada o lavada con las tinturas rojizas y anaranjadas de un bazar turco.

Siempre es posible ver neveros antiquísimos como barcos varados en un paisaje lunar.

Aprovechando esa humedad pueden crecer minúsculos retales verdes que dan vida a humildes flores de vida efímera y colores deslumbrantes.

Lirio de montaña con la torre del Friero al fondo
Foto de Alfonso Contreras

Una de las pocas aves que vuelan en un espacio en el que empieza a escasear el oxígeno es la chova, un córvido que con sus vuelos acrobáticos, inverosímiles, intenta captar la generosidad de los pocos viajeros que por allí se mueven.

En este espacio vertical, solamente los rebecos y las cabras desafían la ley de la gravedad más elemental al moverse por las cicatrices que rasgan en todas las direcciones la faz de un guerrero dormido o sobre los mares de piedra suelta que las tormentas arrancan a las cumbres.

Al fondo, Peña Santa (2.596 m), en el macizo occidental
Pedrero en Torre del Friero

Pero los Picos tienen muchas más sorpresas. Un par de veces al año se puede ver el helicóptero que suministra víveres y otras necesidades a los refugios más inaccesibles. Y también se puede visitar Cabaña Verónica (Macizo oriental), una torreta metálica que ubicaba los cañones de un portaaviones que ahora sirve de refugio.

Cabaña Verónica
Foto de Víctor López

Si seguimos los hitos de piedras amontonadas podemos movernos por caminos imposibles, por encima de mares de nubes que cubren los valles queseros.

Hito que marca la ruta hacia la torre del Llambrión (2.642 m)

E incluso es posible ver y escuchar una música celestial que canta algún grupo religioso, como en el pico Jermoso, cuando el sol se esconde tras el macizo del Cornión. Es entonces cuando los sentidos se tiñen de emociones.

Anochece en el macizo del Cornión desde Callado Jermoso

 

Las fuentes del Tajo

Una conciencia imperial única 

El carácter esquivo y solitario del río más largo de la Península Ibérica ya queda marcado con firmeza desde su nacimiento. Las primeras aguas se mueven en una de las zonas más despobladas de España, ocultando su timidez infantil en una vegetación que tapiza las hoces rojizas e inaccesibles por donde escarban gota a gota su curso. Desde el principio escoge ser grande porque busca con ahínco el mar más lejano, no como su hermano, el Guadalaviar (rebautizado más abajo, en la ciudad de Teruel, como Turia), que opta por un camino más corto y alfombrado para dejar sus aguas en el cercano Mediterráneo. Esta tenacidad por horadar tierras inhóspitas donde se asomaron soldados y capitanes, religiosos y cardenales, le confiere una conciencia imperial que lo hace único. Sólo se dobla ante Toledo para abrazarla con respetuosa devoción, se acerca hasta Aranjuez para que los ilustrados se diviertan con sus falúas y se arrodilla para morir engullido por los mares océanos sobre los que Lisboa conquistó nuevas tierras. 

Quizá sea esa altivez de corte imperial la que impidió que los artistas se acercaran a él, como lo hicieron con otros ríos. Únicamente Garcilaso inmortalizó en las Églogas sus aguas amenas y umbrosas, aunque tormentosas para El Greco. Esta arrogancia del Aurifer Tagus sólo fue domesticada por los gancheros, una profesión centenaria que dejó de existir en los años cincuenta del siglo pasado, mucho antes de que unos jóvenes en California se subieran sobre una tabla para dominar la fuerza de las olas. José Luis Sampedro recogió la lucha de los gancheros en la novela El río que nos lleva (1961), llevada al cine en 1988 con el mismo título por Antonio del Real, en la que se nos relata el esfuerzo de los hombres del Alto Tajo para pastorear sobre las aguas rebeldes y ariscas del río troncos de pino hasta llevarlos a tierras llanas. 

Escribió Tirso de Molina sobre el río:

Niño en Cuenca.

En Toledo, hombre.

En Lisboa, viejo.

En la actualidad habría que añadir que el Tajo es un niño con aguas inmaculadas en las tierras rojas de la Sierra de Albarracín, pero en su crecimiento hacia la edad adulta, en su recorrido hacia el Atlántico, el desprecio de los ribereños no hacen más que mancillar su cauce hasta envejecerlo prematuramente. A su paso por Toledo es ya un río contaminado, un estercolero cuando junta sus aguas con las del océano en el estuario de Lisboa.

A pesar de la diferencia que estableció Paul Bowles entre turistas y viajeros, en los cañones del curso alto del Tajo todavía es posible que el ser humano (sea turista o viajero) quede sorprendido con la vitalidad de una flora y fauna en estado puro, y entonces será inevitable que vengan a la memoria los versos de Garcilaso de la Vega, el poeta que mejor entendió la fuerza de un río solitario, esquivo, altivo e imperial:

Cerca del Tajo, en soledad amena,

de verdes sauces hay una espesura

toda de hiedra revestida y llena,

que por el tronco va hasta el altura

y así la teje arriba y encadena

que’l sol no halla paso a la verdura;

el agua baña el prado con sonido,

alegrando la hierba y el oído. 

Con tanta mansedumbre el cristalino

Tajo en aquella parte caminaba

que pudieron los ojos el camino

determinar apenas que llevaba.

Peinando sus cabellos d’oro fino,

una ninfa del agua do moraba

la cabeza sacó, y el prado ameno

vido de flores y de sombra lleno.

 

 

El viaje a las fuentes del Tajo fue realizado con la luna creciente de agosto por cuatro cicloturistas que recorrieron más de 500 quilómetros por las sendas de cuatro comunidades autónomas en busca de las fuentes de los ríos Lozoya, Dulce, Cabrillas, Guadalaviar y Tajo. Algunos tramos coinciden con el Camino del Cid y con la Ruta de don Quijote en las provincias de Segovia, Guadalajara y Teruel.

Publicado en LITERARIAS (25/8/13)

LOS CAMINOS DE SANTIAGO

Fue en la corte ovetense de Alfonso II cuando ocurrió el fenómeno que llega con plena vitalidad hasta nuestros días. Por aquel entonces, el rey necesitaba un símbolo, un embuste, un banderín de enganche con el que erigirse en el caudillo cristiano que tiene que conducir a su pueblo en la búsqueda de su propia identidad. El ideólogo de la corte, el beato de Liébana, supo sacar partido de la leyenda por la que el pueblo ensalzaba la figura de Prisciliano, el primer hereje que quiso humanizar la religión oficial del Imperio, ejecutado por esta causa a instancias del obispo de Roma en el siglo IV, y sepultado en un lugar cercano a las tierras del fin del mundo.

Camino Primitivo por Hospitales (Allande)

En una época de confusión, ignorancia y miedos, la manipulación de la realidad formaba parte de la vida misma, sobre todo si la mano que amasaba el mundo era el mismísimo poder. Sólo hubo que modificar un dato, un nombre, una palabra. Lo demás fue consecuencia de la labor de mercadotecnia de la época, y del salvoconducto papal que aseguraba la salvación de las almas a todo aquel que visitara el sepulcro del apóstol matamoros, el nuevo inquilino de la tumba venerada.

En seguida, una nutrida hilera de peregrinos (ávidos de ilusiones y huérfanos de esperanzas) empezó a recorrer el camino que lleva desde la corte hasta los confines donde muere el sol, el Campus Stellae. Más adelante, cuando el avance de las milicias cristianas llega hasta el sur, hasta el Duero, el Camino deja los bosques y los valles norteños para abrirse paso por la meseta castellana y leonesa, más segura y cómoda. En la catedral ovetense, este malestar por el abandono de los peregrinos no pasó desapercibido, como lo indica el dicho:

El que va a Santiago

Y no va a al Salvador

Visita al criado

Y deja al señor.

Pero la copla reivindicativa no debió de ejercer del todo su reclamo porque en el siglo XI se pone en marcha uno de los  montajes propagandísticos más potentes del momento. El obispo de Oviedo logra que el rey Alfonso VI abra con todo el boato que merece la ocasión el arca donde se guarda el mayor relicario de occidente (el santo sudario, plumas del Espíritu Santo, leche de la Virgen, trozos del madero, de las sandalias del pescador, huesos de profetas, etc.). Este reclamo para atraer fieles al patrón de la antigua corte dura dos siglos. En el XIII tuvieron más poder de convocatoria los versos alejandrinos del clérigo Gonzalo de Berceo al ensalzar las virtudes de los monasterios riojanos que alojaban a los peregrinos, ansiosos de emociones por seguir sus indicaciones milagreras. Una vez más, la Literatura puesta al servicio del poder cumplió su papel publicitario. A partir de ese momento, el llamado Camino Francés será la principal vía que lleve peregrinos a Santiago.

Tramo del Camino Primitivo por Hospitales (Allande)

Durante siglos, los diferentes Caminos tuvieron una labor cultural y económica que pusieron en el mapa de la cristiandad a estos lugares que de otra forma estarían condenados a un mayor abandono. El Romanticismo trazó otros caminos que se adentraban en otra España más pintoresca y cálida, más al sur. El siglo XX supuso la llegada del racionalismo y de la industrialización que vació de habitantes el mundo rural. Así, el Camino empieza a caer en el olvido. A principios de los años setenta, los peregrinos registrados que llegan a Santiago apenas pasan del centenar en un año.

La gran revitalización actual tuvo una causa meramente económica. Para contrarrestar el empuje de la Expo de Sevilla y de las Olimpiadas de Barcelona, Galicia, en la otra esquina de la geografía española, también quiso situarse en el mundo. En el 93 organiza el Xacobeo con tanto éxito que su estela todavía llega hasta nuestros días.

Si se dice que todos los caminos conducen a Roma, lo mismo puede decirse con Santiago porque al Camino Primitivo (el que sale desde Oviedo, antigua corte) se añadió el del Norte (el que sigue la costa cantábrica). Posteriormente, se populariza el Francés (por las tierras llanas del sur de la Cordillera). En la actualidad, los caminos de Santiago son tantos como las puntas de la rosa de los vientos. No solo es un fenómeno cultural y económico, es el primer reclamo del mundo occidental hecho con los mismos mimbres que conforman nuestra cultura milenaria.

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Publicado en LNE el martes, 26 de agosto de 2014

 

Las calles del instituto Alfonso II  

El actual IES Alfonso II (Oviedo) tiene una larga historia porque fue durante muchos años el único instituto asociado a la Universidad, y después el instituto masculino. Como consecuencia, en Oviedo existen bastantes nombres de calles que tuvieron alguna relación con el instituto, bien como alumnos o como profesores. J. Tolivar Faes en su indispensable libro Nombres y cosas de las calles de Oviedo (1985) nos las describe con total precisión y a él nos remitimos. Vamos a citar a algunos nombres por orden alfabético.

Acisclo Muñiz Vigo tiene calle en Ferreros, cerca de la antigua cárcel. Fue catedrático de Geografía e Historia entre los años 1922 y 1936. En la época del acortamiento de las faldas había un dicho popular con el que se señalaba a las que todavía llevaban la falda larga: “enseñas menos que don Acisclo en sus clases”.

Adolfo Álvarez Folgueras tiene una calle, también conocida como el callejón de la Ferrería, que comunica la plaza de Trascorrales con la calle Mon. Fue un artista plástico nacido en Oviedo en 1913 que compaginó la enseñanza en Artes y Oficios con las clases de Dibujo en el Alfonso II.

Alfonso II. El rey que trajo la capitalidad a Oviedo y que da nombre a nuestro instituto tiene un sitio privilegiado en la ciudad, aunque un poco problemático. La decisión de dar su nombre a la plaza se tomó en el año 1926, pero en el 37 se acordó cambiar el nombre por plaza de la Catedral. Así sigue, aunque en el nomenclátor oficial sigue llamándose plaza de Alfonso II el Casto, que es como figura en las placas.

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Estatua del rey Alfonso II

El rey de la monarquía asturiana también nombra la Rinconada del rey Casto, un poco antes del Jardín de los Reyes Cautivos, al principio de la calle Águila. En este rincón se levanta la estatua con su figura, obra de Víctor Hevia, abuelo de la profesora Mercedes Hevia (jubilada en el 2016).

Ángel Muñiz Toca da nombre a una calle que comunica la plaza de la Paz con Montecerráu. Fue un destacado músico que estudió en el instituto. Es hijo de Acisclo Muñiz Vigo, citado unas líneas más arriba.

Aniceto Sela fue catedrático de Derecho Internacional y rector de la Universidad. También formó parte de la Institución Libre de Enseñanza. Estudió en el instituto y su calle está cerca, en Llamaquique, donde se ubica la Facultad de Formación del Profesorado y Educación.

Anselmo González del Valle, con su hermano Emilio, formó parte de una promoción de alumnos muy notable. Fueron compañeros de Clarín. Más adelante, Anselmo González del Valle le compra al médico Roel el terreno donde estaba el palacete para vendérselo a continuación a los jesuitas. Esta operación urbanística tuvo de intermediario a Anselmo porque Roel se negaba a hacer tratos con los jesuitas. Años más tarde, es en esta finca donde se va a levantar el actual IES Alfonso II. Su calle comunica Uría con General Yagüe.

Augusto Junquera tiene calle en Ciudad Naranco. Destacó como pintor, y fue profesor de Dibujo en el instituto entre 1917, en el que entró como profesor auxiliar suplente, y 1939, en el que se jubiló como profesor auxiliar.

Catedrático Gimeno. Calle que va desde González Besada hasta los colegios mayores. Fue catedrático de Historia Natural en el último tercio del siglo del XIX.

Celestino Mendizábal tiene calle en Pando, en la barriada conocida popularmente como Tocote. Estudió en el instituto desde 1928 hasta 1934. En abril de 2008 la Comisión de la Memoria Histórica propone retirar su nombre de la calle debido a sus estrechas relaciones con las tropas franquistas, en 2016 la junta de gobierno del Ayuntamiento sustituye el nombre de la calle por la de Maestras de la República.

Fernando Vela da nombre a una calle en el barrio de Pumarín. Fue un insigne periodista relacionado con la Revista de Occidente, creada por Ortega y Gasset. Fue estudiante de bachillerato en el instituto.

José Maldonado, con calle en La Argañosa. Fue el último presidente de la República española. Estudió en el instituto. Además, la profesora de Inmersión Lingüística, Conchita Maldonado, es su nieta.

Leopoldo Alas (Clarín) tiene calle donde estuvo la casa en la que nació, por debajo del Seminario.

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En el instituto formó parte de la promoción con Anselmo González del Valle. Reclamaron al Ministerio que les convalidase un curso porque un nuevo plan de estudios les obligaba a estudiar un año más. Iniciaron en casa de los hermanos González del Valle, en la calle Cimadevilla, el Ateneo que nos habla Armando Palacio Valdés. En esta casa empiezan con los primeros ensayos dramáticos. Así, en la comedia titulada ¡Por un real! (Juguete cómico en un acto y en verso compuesto para la sociedad “La Pubertad” por uno de los socios), escrita por Clarín en 1867 aunque publicada por primera vez en la revista Barcarola, nº 79-80, mayo de 2013, Clarín le da a Anselmo el papel de Blas, a su hermano Emilio González del Valle el de mozo de café, a Palacio el de Julián, Valdés desempeña el papel de Luis, y Alas y Ureña hace el papel de Corina (hija de don Blas). ¡Clarín hace un papel femenino en su primera obra conocida!

 

Paulino Vicente da nombre a una calle que confluye con la Avenida de Galicia. Paulino Vicente Rodríguez García murió en Oviedo en 1990 con 90 años.

Paulino Vicente en el aula de Dibujo. Foto de José Luis Cano
Figura del pintor Paulino Vicente (foto de J.L. Cano)

Fue catedrático de Dibujo hasta su jubilación en 1969. Diez años más tarde, el claustro del instituto decide honrar su memoria con una placa en el aula de dibujo que lleva su nombre.

Pedro Miñor da nombre a la plaza situada al final de Valentín Masip, atravesada perpendicularmente por la calle Alejandro Casona. Médico, fue cofundador del Sanatorio Asturias, primer presidente de la SOF (1948) y 2º presidente del Real Oviedo (1950-52). Estudió el bachillerato en el instituto.

Rector Leopoldo Alas se corresponde con Leopoldo García-Alas García-Argüelles, hijo de Clarín. Fue rector de la Universidad de Oviedo desde 1931 hasta que tras el golpe de Estado es detenido en 1936. Es juzgado en consejo de guerra el 21 de enero de 37 y fusilado por las tropas franquistas al mes siguiente, el 20 de febrero. Fue alumno del instituto.

Tito Bustillo tiene calle en Ciudad Naranco. Celestino Judas Tadeo Fernández Bustillo nació en Oviedo en 1949. Cuando estudiaba en el instituto formó parte con otros compañeros de un colectivo con inquietudes culturales diversas.

Página del periódico (16 de abril de 1968) en la que se da cuenta del hallazgo de la cueva prehistórica en Ribadesella por el grupo en el que estaba Tito Bustillo.

Con el grupo Torreblanca de Montaña descubren el 12 de abril de 1968 (durante las vacaciones de Semana Santa) unas cuevas prehistóricas en Ardines, Ribadesella, que los especialistas calificaron desde el primer momento como excepcionales. El grupo llamó a la cueva “La Gatera”, pero la muerte de Tito Bustillo poco después (el 1 de mayo de ese mismo año) en otra expedición espeleológica,  hizo que la cueva descubierta lleve su nombre.

Valentín Masip da nombre a la calle que atraviesa el barrio de La Argañosa hasta la plaza Pedro Miñor. Estudió en el instituto y su padre, Rogelio, fue catedrático de Matemáticas y director desde el 38 hasta 1941.

Vital Aza (Pola de Lena, 1851-Madrid, 1912) Empieza a crear literatura, sobre todo de tipo satírico, ya de estudiante en el instituto. Su primera publicación (Basta ya de matemáticas, 1874) fue un éxito. Tiene calle en Ciudad Naranco.

Yela Utrilla da nombre a la calle que limita el instituto con la parte superior. Juan Francisco Yela Utrilla fue catedrático de Latín desde 1932 hasta el año 1940, en el que marcha para la Universidad Central. Además, fue fundador de la Falange en Oviedo. Debido a su participación en el bando franquista durante la Guerra Civil, en 2016 la junta de gobierno del Ayuntamiento ovetense incluyó su nombre en la aplicación de la ley de Memoria Histórica, por lo que el nombre de la calle cambia a Arquitectos Galán.

 

Carpe diem

Ya lo dijo muy claro Segismundo en el monólogo de La vida es sueño:

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Un frenesí o una ilusión. Una de las pocas diferencias que nos aleja a los humanos de las bestias es que nosotros tenemos conciencia de la caducidad de la vida. Una terrible conciencia que nos inquieta desde los orígenes de los tiempos. Fue esta duda existencial la que nos obligó a crear dioses a los que otorgamos los poderes y la sabiduría que no tenemos, como el mundo de ultratumba.

De aquí deriva el diferente comportamiento humano. En algún momento de la vida, más o menos largo, los humanos se darán cuenta de que la vida es demasiado corta y por tanto hay que disfrutarla con un delirio furioso, es el tópico literario del carpe diem.

 

Carpe diem

Por el contrario, en otros momentos de la vida, también más o menos extensos, esos dioses que creamos nos recordarán que hay otras vidas, y que la terrenal es solo una ilusión, una sombra, una ficción en la que ellos manejan los hilos. Es la religión.

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