Las calles del instituto Alfonso II  

El actual IES Alfonso II (Oviedo) tiene una larga historia porque fue durante muchos años el único instituto asociado a la Universidad, y después el instituto masculino. Como consecuencia, en Oviedo existen bastantes nombres de calles que tuvieron alguna relación con el instituto, bien como alumnos o como profesores. J. Tolivar Faes en su indispensable libro Nombres y cosas de las calles de Oviedo (1985) nos las describe con total precisión y a él nos remitimos. Vamos a citar a algunos nombres por orden alfabético.

Acisclo Muñiz Vigo tiene calle en Ferreros, cerca de la antigua cárcel. Fue catedrático de Geografía e Historia entre los años 1922 y 1936. En la época del acortamiento de las faldas había un dicho popular con el que se señalaba a las que todavía llevaban la falda larga: “enseñas menos que don Acisclo en sus clases”.

Adolfo Álvarez Folgueras tiene una calle, también conocida como el callejón de la Ferrería, que comunica la plaza de Trascorrales con la calle Mon. Fue un artista plástico nacido en Oviedo en 1913 que compaginó la enseñanza en Artes y Oficios con las clases de Dibujo en el Alfonso II.

Alfonso II. El rey que trajo la capitalidad a Oviedo y que da nombre a nuestro instituto tiene un sitio privilegiado en la ciudad, aunque un poco problemático. La decisión de dar su nombre a la plaza se tomó en el año 1926, pero en el 37 se acordó cambiar el nombre por plaza de la Catedral. Así sigue, aunque en el nomenclátor oficial sigue llamándose plaza de Alfonso II el Casto, que es como figura en las placas.

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Estatua del rey Alfonso II

El rey de la monarquía asturiana también nombra la Rinconada del rey Casto, un poco antes del Jardín de los Reyes Cautivos, al principio de la calle Águila. En este rincón se levanta la estatua con su figura, obra de Víctor Hevia, abuelo de la profesora Mercedes Hevia (jubilada en el 2016).

Ángel Muñiz Toca da nombre a una calle que comunica la plaza de la Paz con Montecerráu. Fue un destacado músico que estudió en el instituto. Es hijo de Acisclo Muñiz Vigo, citado unas líneas más arriba.

Aniceto Sela fue catedrático de Derecho Internacional y rector de la Universidad. También formó parte de la Institución Libre de Enseñanza. Estudió en el instituto y su calle está cerca, en Llamaquique, donde se ubica la Facultad de Formación del Profesorado y Educación.

Anselmo González del Valle, con su hermano Emilio, formó parte de una promoción de alumnos muy notable. Fueron compañeros de Clarín. Más adelante, Anselmo González del Valle le compra al médico Roel el terreno donde estaba el palacete para vendérselo a continuación a los jesuitas. Esta operación urbanística tuvo de intermediario a Anselmo porque Roel se negaba a hacer tratos con los jesuitas. Años más tarde, es en esta finca donde se va a levantar el actual IES Alfonso II. Su calle comunica Uría con General Yagüe.

Augusto Junquera tiene calle en Ciudad Naranco. Destacó como pintor, y fue profesor de Dibujo en el instituto entre 1917, en el que entró como profesor auxiliar suplente, y 1939, en el que se jubiló como profesor auxiliar.

Catedrático Gimeno. Calle que va desde González Besada hasta los colegios mayores. Fue catedrático de Historia Natural en el último tercio del siglo del XIX.

Celestino Mendizábal tiene calle en Pando, en la barriada conocida popularmente como Tocote. Estudió en el instituto desde 1928 hasta 1934. En abril de 2008 la Comisión de la Memoria Histórica propone retirar su nombre de la calle debido a sus estrechas relaciones con las tropas franquistas, en 2016 la junta de gobierno del Ayuntamiento sustituye el nombre de la calle por la de Maestras de la República.

Fernando Vela da nombre a una calle en el barrio de Pumarín. Fue un insigne periodista relacionado con la Revista de Occidente, creada por Ortega y Gasset. Fue estudiante de bachillerato en el instituto.

José Maldonado, con calle en La Argañosa. Fue el último presidente de la República española. Estudió en el instituto. Además, la profesora de Inmersión Lingüística, Conchita Maldonado, es su nieta.

Leopoldo Alas (Clarín) tiene calle donde estuvo la casa en la que nació, por debajo del Seminario.

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En el instituto formó parte de la promoción con Anselmo González del Valle. Reclamaron al Ministerio que les convalidase un curso porque un nuevo plan de estudios les obligaba a estudiar un año más. Iniciaron en casa de los hermanos González del Valle, en la calle Cimadevilla, el Ateneo que nos habla Armando Palacio Valdés. En esta casa empiezan con los primeros ensayos dramáticos. Así, en la comedia titulada ¡Por un real! (Juguete cómico en un acto y en verso compuesto para la sociedad “La Pubertad” por uno de los socios), escrita por Clarín en 1867 aunque publicada por primera vez en la revista Barcarola, nº 79-80, mayo de 2013, Clarín le da a Anselmo el papel de Blas, a su hermano Emilio González del Valle el de mozo de café, a Palacio el de Julián, Valdés desempeña el papel de Luis, y Alas y Ureña hace el papel de Corina (hija de don Blas). ¡Clarín hace un papel femenino en su primera obra conocida!

 

Paulino Vicente da nombre a una calle que confluye con la Avenida de Galicia. Paulino Vicente Rodríguez García murió en Oviedo en 1990 con 90 años.

Paulino Vicente en el aula de Dibujo. Foto de José Luis Cano
Figura del pintor Paulino Vicente (foto de J.L. Cano)

Fue catedrático de Dibujo hasta su jubilación en 1969. Diez años más tarde, el claustro del instituto decide honrar su memoria con una placa en el aula de dibujo que lleva su nombre.

Pedro Miñor da nombre a la plaza situada al final de Valentín Masip, atravesada perpendicularmente por la calle Alejandro Casona. Médico, fue cofundador del Sanatorio Asturias, primer presidente de la SOF (1948) y 2º presidente del Real Oviedo (1950-52). Estudió el bachillerato en el instituto.

Rector Leopoldo Alas se corresponde con Leopoldo García-Alas García-Argüelles, hijo de Clarín. Fue rector de la Universidad de Oviedo desde 1931 hasta que tras el golpe de Estado es detenido en 1936. Es juzgado en consejo de guerra el 21 de enero de 37 y fusilado por las tropas franquistas al mes siguiente, el 20 de febrero. Fue alumno del instituto.

Tito Bustillo tiene calle en Ciudad Naranco. Celestino Judas Tadeo Fernández Bustillo nació en Oviedo en 1949. Cuando estudiaba en el instituto formó parte con otros compañeros de un colectivo con inquietudes culturales diversas.

Página del periódico (16 de abril de 1968) en la que se da cuenta del hallazgo de la cueva prehistórica en Ribadesella por el grupo en el que estaba Tito Bustillo.

Con el grupo Torreblanca de Montaña descubren el 12 de abril de 1968 (durante las vacaciones de Semana Santa) unas cuevas prehistóricas en Ardines, Ribadesella, que los especialistas calificaron desde el primer momento como excepcionales. El grupo llamó a la cueva “La Gatera”, pero la muerte de Tito Bustillo poco después (el 1 de mayo de ese mismo año) en otra expedición espeleológica,  hizo que la cueva descubierta lleve su nombre.

Valentín Masip da nombre a la calle que atraviesa el barrio de La Argañosa hasta la plaza Pedro Miñor. Estudió en el instituto y su padre, Rogelio, fue catedrático de Matemáticas y director desde el 38 hasta 1941.

Vital Aza (Pola de Lena, 1851-Madrid, 1912) Empieza a crear literatura, sobre todo de tipo satírico, ya de estudiante en el instituto. Su primera publicación (Basta ya de matemáticas, 1874) fue un éxito. Tiene calle en Ciudad Naranco.

Yela Utrilla da nombre a la calle que limita el instituto con la parte superior. Juan Francisco Yela Utrilla fue catedrático de Latín desde 1932 hasta el año 1940, en el que marcha para la Universidad Central. Además, fue fundador de la Falange en Oviedo. Debido a su participación en el bando franquista durante la Guerra Civil, en 2016 la junta de gobierno del Ayuntamiento ovetense incluyó su nombre en la aplicación de la ley de Memoria Histórica, por lo que el nombre de la calle cambia a Arquitectos Galán.

 

Carpe diem

Ya lo dijo muy claro Segismundo en el monólogo de La vida es sueño:

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Un frenesí o una ilusión. Una de las pocas diferencias que nos aleja a los humanos de las bestias es que nosotros tenemos conciencia de la caducidad de la vida. Una terrible conciencia que nos inquieta desde los orígenes de los tiempos. Fue esta duda existencial la que nos obligó a crear dioses a los que otorgamos los poderes y la sabiduría que no tenemos, como el mundo de ultratumba.

De aquí deriva el diferente comportamiento humano. En algún momento de la vida, más o menos largo, los humanos se darán cuenta de que la vida es demasiado corta y por tanto hay que disfrutarla con un delirio furioso, es el tópico literario del carpe diem.

 

Carpe diem

Por el contrario, en otros momentos de la vida, también más o menos extensos, esos dioses que creamos nos recordarán que hay otras vidas, y que la terrenal es solo una ilusión, una sombra, una ficción en la que ellos manejan los hilos. Es la religión.

Entre dos tierras y dos aguas

En las tierras más meridionales de España existen unos lugares que llevan en su topónimo una palabra que no deja lugar a dudas, la marca de la historia. Son Jerez de la Frontera, Arcos de la Frontera, etc. Como rasgo que los distingue físicamente tienen una fortaleza en lo alto de la colina, en torno a la cual se arremolina el calor humano. En un principio los habitantes se instalaron, protegidos, dentro de las murallas. Con el paso de los siglos, el desarrollo y los prolongados tiempos de paz los invitaron a salir al exterior para dejarse caer por las laderas del cerro tiñéndolas con el blanco hiriente de sus casas. Esta es la disposición que tiene la mayoría de los lugares con ese apellido: Jimena de la Frontera, Vejer de la Frontera, etc.
Un caso diferente, único, es Castellar de la Frontera. Gaditano como los otros citados, está dentro del Parque Natural de los Alcornocales. Su castillo marcó durante siglos la frontera más occidental del reino nazarita de Granada hasta que en 1434 pasó a manos cristianas, aunque antes la colina ya había sido ocupada por íberos, fenicios y romanos, desde donde controlaban el Estrecho y las primeras tierras africanas. El extenso perímetro de la fortificación permitió que el pueblo creciera dentro de las murallas con una estructura totalmente medieval en su planteamiento, hasta que el 1971, sin agua corriente ni luz eléctrica, en manos de la casa ducal de Medinaceli -que ejercía un poder feudal sobre sus súbditos- el Instituto de la Colonización decide trasladar a sus habitantes a un sitio llano y con los servicios propios del último tercio del siglo XX.

Es el nuevo poblado de Castellar de la Frontera, diametralmente distinto al antiguo, con calles trazadas a cordel, anchas y llenas de palmeras, con todo lo que no podían tener intramuros. Pero esa no va a ser la última conquista de sus pobladores. En 1980 consiguen arrebatarle al duque la finca La Boyal de 500 hectáreas, fue un juicio largo en el que brilló la astucia de un joven abogado llamado Felipe González, que después sería presidente del gobierno.

Con el traslado hacia las zonas llanas y urbanizadas, el castillo –y el pueblo que le daba vida- quedaron abandonados, sólo una familia relacionada con la casa ducal permanece fiel a sus orígenes terrenales. Durante los años de la transición política, el hueco fue ocupado por gente joven que buscaba en el enclave fortificado el paraíso que les habían dictado los dioses de la psicodelia: calles misteriosas por las que se esconden sueños huidizos, empedradas por otras culturas, perfumadas por el jazmín y el azahar de sus patios, casas encaladas en las que trepa una buganvilla atrevida. Dentro de los mismos muros fronterizos que cobijaron tantas culturas siguen conviviendo dos mundos antagónicos: uno de los últimos reductos del feudalismo y los hippies epigonales que todavía buscan la felicidad entre las flores y la meditación, con la música y las palabras entreveradas de humo e incienso.

Un poco más abajo se extiende La Almoraima, un antiguo convento del XVII construido en torno a una antigua torre almenara. Tras la Desamortización fue comprado por el duque para convertir todo ello en un palacio donde invitaba a cazar a la nobleza más encumbrada en las 16.000 hectáreas que tiene la finca.
Fue en este latifundio en el que se fijó el guitarrista algecireño Paco de Lucía para desarrollar el mundo campesino que está presente en la música de su disco titulado Almoraima (1976).       Esta música flamenca todavía vive entre los muros del castillo, sobre todo cuando se llena la luna en el corazón del verano.Es entonces cuando el pueblo adquiere su grado superlativo, cuando suena en lo más alto la música gitana que nace en los arrabales donde se hunde el continente, entre las calles encaladas que forman arabescos y filigrana en las que se hacinaron las culturas más lúcidas y creadoras, en medio del silencio del bosque mediterráneo más grande del mundo, en lo alto del mayor latifundio de Europa, con la vista puesta en un cielo pródigo que une dos tierras y dos mares.

Publicado en LITERARIAS (12-1-13)

Gusanos y mariposas

Nadie parece dudar que la Literatura (en su vertiente oral) empieza a andar con los primeros pasos bípedos del ser humano. Pocos cuestionarán que le sirvió de escudo o de lanza en sus aventuras cuando el homo sapiens se dispone a arrebatar a otros iguales un pedazo de tierra (o de agua). O cuando quiere mantener (o idealizar) la memoria de los hechos. La Ilíada, la Eneida, Os Lusíadas o El corazón de las tinieblas no son más que la punta de un iceberg que flota en el océano de la narrativa universal.

Así, a lo largo de la historia la Literatura va estableciendo fuertes lazos de hermanamiento con todas las actividades humanas porque, como ya escribió Terencio, “nada humano me es ajeno”. Se funde en un solo cuerpo con la Filosofía (“Utopía” de Tomas Moro), con la Teología (La Divina Comedia o la mística española), con la Justicia (las Partidas de Alfonso X),  con la Geografía (El Don apacible de Sólojov), con el Turismo (Vida de Santo Domingo de Silos de Gonzalo de Berceo), con la Economía (Introducción a un discurso sobre el estudio de la Economía civil de Jovellanos), y un largo etcétera.

Quizá una de las relaciones más tardías de la Literatura sea con la Medicina. Es verdad que hubo escarceos, pero casi siempre con más recelos que encuentros.

En 1615 publica Cervantes la segunda  parte  del Quijote, y  allí cuenta la aventura de Sancho Panza como gobernador de la ínsula Barataria, su gran anhelo desde que decidió acompañar al hidalgo por tierras desconocidas y remotas. Por fin el escudero era dueño de algo en algún sitio, pero va a ser un médico el que le amargue su mayor placer: el de la mesa. El primer día que le sirven el almuerzo como gobernador, se encontró acompañado de un caballero con aires de importancia quien, a cada plato que le servían, le decía latinajos incomprensibles con alguna cita de Hipócrates, a continuación le tocaba el plato con una varilla y poco después se lo retiraba. Y así hasta que Sancho –encendido en cólera- le pide explicaciones y el caballero le responde que en su calidad de médico debe atender a su salud y  que por eso impide que coma lo que podría hacerle mal, y así continúa hasta que el gobernador estalla diciéndole con el castellano más claro que tenía:  “…pues quíteseme  luego  de  delante,  si  no,  voto  al  sol  que  tome un  garrote,  y   que  a  garrotazos,  comenzando  por  él,  no me  ha  de  quedar  médico  en  toda  la  ínsula,  a  lo  menos, de  aquellos  que  yo  entienda  que  son  ignorantes;  que  a los  médicos  sabios,  prudentes  y   discretos,  los  pondré  sobre  mi  cabeza  y   los  honraré  como  a  personas  divinas. Y vuelvo a decir que se me vaya de aquí; si no, tomaré esta silla donde estoy sentado y se la estrellaré en la cabeza, y pídanmelo en residencia, que yo me descargaré con decir que hice servicio a Dios en matar a un mal médico, verdugo de la república.” (XLVII).

Más corrosivo es Quevedo con la Medicina en nuestro Siglo de Oro. A los médicos los llama “calavera”, “Herodes”, “licenciado Venenos”, “oficio de difuntos”, “la peste” o “verdugos”. En el romance “Quejas del abuso del dar a las mujeres”, el autor parodia la mirada de las mujeres con la sátira de los médicos como matadores:

Los médicos con que miras,

los dos ojos con que matas,

bachilleres por Toledo,

doctores por Salamanca.

O cuando se refiere a los dentistas en “Sacamuelas que quería concluir con la herramienta de una boca”:

¡Oh tú, que comes con ajenas muelas!

En otro lugar, en la corte francesa, Molière también critica la pedantería y las mentiras de los médicos ignorantes en dos de las comedias más conocidas, El médico a palos (1666) y El enfermo imaginario (1673). En ellas los galenos se refugian en el misterio de sus palabras ininteligibles y en sus gestos presuntuosos.

Habrá que esperar a la segunda mitad del siglo XIX para que el Realismo, o más exactamente el Naturalismo, cambie esa situación tan distante entre Literatura y Medicina. Es en el momento de las grandes revoluciones (la industrial, la burguesa) cuando la influencia de los científicos (Darwin, Mendel) van a configurar un nuevo mundo. Un mundo en el que el escritor comienza a observar la sociedad (y la trama literaria, por tanto) como si fuera un cuerpo que se rige por las inexorables leyes del determinismo biológico y ambiental.

Clase de Medicina en Londres, 1925. MacGregor/Topical Press Agency/Getty Images

Es el caso de Flubert (hijo y nieto de médicos) que publica en 1856 su obra Madame Bovary (padre de la novela moderna, según mantiene Mario Vargas Llosa).  Al final de la novela el autor hace que sintamos en nuestras carnes la terrible agonía y posterior muerte por envenenamiento a causa del arsénico que ingiere la protagonista, esposa de un médico (Charles Bovary). Además, el autor defiende para la literatura la “mirada médica” (“esa visión de lo verdadero  que es el único  medio de lograr  los grandes  efectos  de la  emoción”).

A partir de Flaubert,  se puede decir que el maridaje entre Literatura y Medicina llega hasta nuestros días con la ilusión del primer día. No es necesario recordar los casos del médico y excelente escritor Antón Chéjov o de nuestro Pío Baroja con El árbol de la ciencia, o del malogrado Luis Martín Santos, autor de la que es para muchos la mejor novela española del siglo XX, Tiempo de silencio, protagonizadas ambas por un médico.

Como el arte es más largo que la vida, el autor francés nos recuerda los eternos enigmas con los que nos atosiga la vida y que permanecen en el arte de todos los tiempos: la incertidumbre del ser humano con sus atribulaciones, la fuerza del amor, el silencioso paso del tiempo, casi siempre en un paisaje difuminado, casi espectral. En definitiva, arte y vida, Literatura y Medicina de la mano.

Un día, el premio Nobel de Literatura Bernard Shaw estaba en su casa inglesa y el jardinero le dijo: «Señor, el jardín está lleno de larvas», a lo que el dramaturgo le respondió: «¡Qué bien! Entonces tendremos mariposas». Sirva esta anécdota para entender mejor que donde los médicos diagnostican muerte y gusanos, la Literatura recrea el vuelo de unas hermosas mariposas.

 

Publicado en Literarias, revista de la Asociación de Escritores de Asturias (18-6-2011)

Por el románico rural en Sariego

Una de las ventajas de perderse con la bici por los caminos es encontrar visiones impensables, elementos que nos sorprenden porque no cuadran en nuestras mentes ordenadas de ciudadanos estabulados. Llama la atención el poder de reciclaje que tiene el campesinado, que no sólo recicla antiguas bañeras como bebederos para el ganado, como esta composición de cuatro elementos (en el bosque de Lindes):

También vemos otro paso más en el reciclaje con esta caseta para aperos campesinos encontrada en un prado de Sariego:

pero la generosidad del concejo de Sariego ofrece mucho más. En él nace el Nora, el río que más repta por el centro de Asturias. Por Sariego pasa el Camino de Santiago que atraviesa sus tierras interiores desde el convento de Valdediós hasta Siero como un costurón, perfectamente señalizado y acotado. Y el concejo nos muestra otras perlas, blancas como el color de nuestros ojos al agrandarse por la sorpresa: el mejor románico rural.

Ya lo anuncia la capilla de San Román, con restos prerrománicos, pero el mayor esplendor está en la iglesia de santa María de Narzana, siempre altiva y solitaria, aunque olvidada en nuestros días. Con el cementerio constituye un recinto cerrado por un muro de piedra, que indica su poder religioso. En otro momento fue monasterio de monjas, pero enseguida fue abducido por la voracidad del monasterio de las Pelayas de Oviedo. Con la disculpa de que las monjas llevaban una vida poco ejemplar en la aldea y con la prevención ante el peligro que representaba una comunidad de monjas en un ambiente asilvestrado por su ubicación, las Pelayas recogieron en su amantísimo seno a las monjas descarriadas y, a cambio, en un gesto de amor puro y protector, se quedaron con sus bienes materiales para protegerlos de la codicia de algunos campesinos.

Hoy, la iglesia, a pesar de algunas reformas innecesarias y del destrozo que produjo su quema en el 36, muestra un estado muy bien conservado. La belleza del pórtico se explica porque estuvo casi toda la vida protegido por un espacio añadido que lo resguardó de las inclemencias.

portada

También sorprende la excelente factura y conservación del ábside:

Ábside

Por tanto, no duden en perderse en alguno de los muchos caminos que tiene el concejo porque siempre podrán encontrar alguna joya a punto de perecer enterrada por el paso del tiempo y la desidia.

Exploradores

En la Literatura los territorios míticos (Macondo, Santa María, Comala, Celama, etc.) los descubrimos leyendo los libros donde están ubicados.

Para los que andamos por el monte con la bici también existen esos territorios, lugares de los que nos hablaron, que nos dijeron de su existencia, pero que algún obstáculo natural (praderías cercadas, ríos que no se pueden vadear, maleza, peñas) nos impide llegar. Uno de ellos es Borondes, una aldea perdida en uno de los valles de Grao. Está partida por el río Báscones y unida por un sólido puente de piedra.

En el escaso caserío, destaca una casa diferente, es La Bruñega, donde nació y se crió Isidoro Álvarez, sobrino de Ramón Areces y sucesor en la presidencia de El Corte Inglés durante 25 años, el periodo de más extensión y diversificación de estos grandes almacenes.

Por fin, y después de muchas vueltas y pérdidas por los valles y montañas, por sendas y caminos, en una mañana primaveral encontramos Borondes. Borondes existe.

CHANTAJE EN CARNAVAL

CHANTAJE EN CARNAVAL es una novela que trata sobre el miedo sin que sea de miedo. ¿Qué se puede hacer ante un chantaje? ¿Ofrecer dinero o algo con valor? De eso nada. La protagonista tiene un poder mucho más potente. Y no es un poder extraño ni sobrenatural.

Puedes leerla aquí.

No es una novela de aventuras, es la vida misma.

Postales rústicas e idílicas. Simetría

La simetría está presente en la mayoría de los seres vivos Pensemos en una mariposa o en un ciempiés. Para los humanos es una obsesión que forma parte en sus creaciones de todo tipo: matemáticas, físicas. También en las artes (Partenón, arte gótico, Renacimiento, etc.). En Literatura la simetría se busca con el ritmo, la versificación, la rima, las cesuras, el acento y la musicalidad.

En esta foto, tomada en la zona montañosa leonesa de Portilla de Luna, se alían naturaleza y arquitectura para conseguir una simetría de doble triangulación, ambas formadas con la misma sustancia. El triángulo montañoso es común en el perfil de muchos paisajes, y el triángulo religioso también es común en el cristianismo porque simboliza uno de los misterios de la Trinidad.

Ya lo decían los romanos: omne trinum est perfectum (todo lo trino es perfecto) por ser el polígono más simple.

Primavera

Fue en otro abril también luminoso, en 2014, cuando una docena de autores de la Asociación de Escritores de Asturias nos reunimos en la ovetense galería de arte Falcón Espacio Creativo para leer en una fiesta literaria unos textos que recogieran la inmensidad de la estación florida.

Así lo dice David Fueyo en el prólogo: “Queremos no solo elaborar una serie de textos alusivos a la primavera, sino hacerlo de una forma diferente desde doce puntos de vista distintos. En este pequeño libro hay versos, hay prosa, hay claridad, oscuridad, sencillez y barroquismo, hay lengua castellana y asturiana, pero sobre todo hay un importante nexo entre todos ellos más allá del canto propio, y es que todos están hechos en Asturias.”

Está editado por AEA en la colección Minimal y lleva como título PRIMAVERA ETERNA.

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