Año de nieves

Nevóu muitísimu anueite, pero acaba de clariar un poucu’l cielu polos altos. Chega’l primer resplandor del sol, entovía muertu. Yá soi a vere los bultos de la cabanas de la braña na parte baxa del val.le.

Sangre na braña, Roberto González-Quevedo

La nieve no deja indiferente a nadie, y menos a los que nacimos entre ella. La memoria nos la presenta, copo a copo, en montes y caminos, tapando las puertas e iluminando el valle.

Y es que este mes de febrero está cumpliendo las expectativas que se tienen de él: es el invierno en grado superlativo, aunque no siempre llueve a gusto de todos, como dice el refranero:

Agua y nieve excesiva, no dejan criatura viva.

Año de nieves, año de bienes.

Añu de nevadas, añu de fornadas.

La imaginación en los Picos de Europa, donde se conservan neveros durante todo el año,  formó este dicho:

En Los Picos del Cornión, 
ondi’l diablu se colgó, 
ondi Dios puso la nieve, 
la que nunca se quitó, 
y nun añu que faltó 
to la xente morrió.

~

Miguel de Unamuno compuso uno de los poemas más hermosos sobre la nieve:

La  nevada  es silenciosa,

cosa  lenta;

poco  a  poco  y  con  blancura 

reposa  sobre  la  tierra

y  cobija  a  la  llanura.

Posa  la  nieve  callada,

blanca  y  leve

la  nevada  no  hace  ruido;

cae  como  cae  el  olvido,

copo  a  copo.

Abriga  blanda  a  los  campos

cuando  el  hielo  los  hostiga,

con  sus  campos  de  blancura;

cubre  a  todo  con  su  capa,

pura,  silenciosa,

no se  le  escapa  en  el  suelo

cosa  alguna.

Donde  cae  alli  se  queda,

leda  y  leve,

pues  la  nieve  no  resbala

como  resbala  la  lluvia,

sino  queda  y  cala.

Flores  del  cielo  los  copos,

blancos  lirios  de  las  nubes,

que  en  el  suelo  se  ajan,

bajan  floridos,

pero  quedan  pronto

derretidos;

florecen  sólo  en  la  cumbre,

sobre  las  montañas,

pesadumbre  de  la  tierra,

y  en  sus  entrañas perecen.

Nieve,  blanda  nieve,

la  que  cae  tan  leve,

sobre  la  cabeza,

sobre  el  corazón,

ven  y  abriga  mi  tristeza

la  que  descansa  en  razón.

 

Nieve en el Gamoniteiro
puerto de Pajares

Entrevista de Manuel Cuenya para ileon.com

Reprodución de la entrevista publicada por Manuel Cuenya el 17 de octubre de 2017 para la revista digital ileon.com

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Armando Murias: “Haber tenido varias experiencias laborales da una visión más completa del mundo, y también de la escritura”

Manuel Cuenya | 17/10/2017 – 13:55h.

El narrador, investigador y profesor Armando Murias Ibias, autor de ‘Nómadas’, entre otros libros, dirige en la actualidad la revista ‘Literarias’, perteneciente a la Asociación de Escritores de Asturias. Y mantiene en activo blog cuyo título es ‘El gamusino (Literatura y Natura)’.

Armando Murias Ibias

Lacianiego de Caboalles y con alma asturleonesa, Armando Murias Ibias es narrador, doctor en Filología Hispánica, investigador y profesor.

Cuenta que su lugar de nacimiento era un sitio remoto, que quedaba aislado en invierno por las nevadas. Ni siquiera tenía ni biblioteca ni librería, con lo cual la transmisión oral era muy importante. Y fue en ese mundo arcaico, ese universo de leyendas y cuentos al amor del fuego de los ‘calechos’, donde se forjó su pasión por las palabras, por las palabras escritas. Esa literatura, donde se mezcla la realidad imaginaria y la vivida, esa literatura surgida al calor de las palabras, es, en su opinión, la que más le gusta y la que trata de transmitir.

En este sentido, León –tierra de ‘calechos’ y ‘filandones’- es, a su juicio, la provincia con más densidad de escritores de enorme valía. “Todos tienen un fuerte arraigo con su tierra, a pesar de que casi todos residen en otras tierras (Luis Mateo Díez, JP Aparicio, JM Merino, Pablo Andrés Escapa, Raúl Guerra Garrido, Julio Llamazares, Roberto González Quevedo, Andrés Trapiello, Antonio Colinas, JC Mestre, etc.). Creo que hay un rasgo común a todos ellos, todos escriben sobre una tierra (leonesa o no) que sienten como depositaria de la memoria”. La memoria como fuente literaria de primera magnitud.

Respecto a los lazos entre Laciana y su vecina Asturias (mapas afectivos en los que se mueve Armando) siempre han sido familiares. Y, a lo largo del siglo XX, “la minería en Laciana fue incrementando su importancia”, recuerda él, de tal modo que esta comarca leonesa necesitaba abundante mano de obra foránea, “porque los lacianiegos se negaron a proletarizarse en las minas”, matiza el coautor de ‘Mina de palabras’, volumen en el que también participa, con dos poemas, el Premio Cervantes Antonio Gamoneda.

“Llegaron gentes, entre ellos mis padres, venidos de los concejos aledaños, sobre todo de los asturianos, por lo que en los años setenta los emigrantes asturianos son la mayoría. Por tanto, la relación es muy estrecha. Más tarde llegaron otras oleadas migratorias, portugueses y caboverdianos, que también dejaron su marca en el valle”.

“Luis Mateo Díez, JP Aparicio, JM Merino, Pablo Andrés Escapa, Raúl Guerra Garrido, Julio Llamazares, Roberto González Quevedo, Andrés Trapiello, Antonio Colinas, JC Mestre, etc. tienen un fuerte arraigo con su tierra, a pesar de que casi todos residen en otras tierras. Creo que hay un rasgo común a todos ellos, todos escriben sobre una tierra (leonesa o no) que sienten como depositaria de la memoria”.

En lo referente a la minería, cree que ha sido una actividad muy breve, porque en la actualidad, en todas las cuencas mineras, ha venido el vacío, el abandono, la soledad. “De momento todavía están las jubilaciones sujetando el entramado social, pero el mañana no lo veo nada halagüeño”, muestra con realismo este autor, que, entre sus variados trabajos a lo largo de la vida, cabe resaltar que llegó a ser minero, ‘rampleru’, un trabajo que le ha dejado una profunda huella, el que más, de todos los que ha ejercido, según él, tanto es así que hizo su tesis doctoral sobre la minería y escribió ‘Nómadas’, un volumen de carácter autobiográfico, en gran medida, cuyos personajes principales son un universitario (acaso su álter ego) y un inmigrante caboverdiano. “una historia minera que se aparta del canon marcado por ‘Germinal’ (huelgas, represión, accidentes, muertes, hambre, etc.)”.

Una vida aventurera como preámbulo para la creación literaria

Aparte de minero fue comercial, mecánico, camarero, marino, lector de español en Viena, incluso monaguillo. Una vida apasionante, aventurera, lo que sin duda ha estimulado su labor de creación porque “haber tenido varias experiencias laborales da una visión más completa del mundo –apostilla-, y también de la escritura porque no cabe duda de que se puede hablar con más exactitud de lo que se conoce que de lo ignorado”.

Tal vez por eso, Armando es devoto de “tres tullidos geniales de la literatura española: Cervantes, Quevedo y Valle-Inclán”, grandes escritores que “salieron de la torre de marfil de los artistas y se embarraron de realidad, conocieron de primera mano cómo es el mundo”.

Una vida interesante no lo convierte a uno en creador per se pero sí sirve como nutriente para poder elaborar una obra, acaso más consistente, porque la realidad suele superar cualquier ficción.

Después de desempeñar estos diversos trabajos por el mundo adelante, en la actualidad ejerce como profesor de Literatura en el Instituto Alfonso II de Oviedo. Y está convencido de que la creación literaria en las aulas es muy importante “porque estimula las habilidades artísticas para sacar a la luz el genio que todos llevamos dentro. Además, fomenta claramente la lectura… Y la escritura creativa se fundamenta en la lectura”.

No obstante, también es consciente de que a menudo la tarea de los profesores de Literatura consiste en transmitir la historia de la Literatura, sin adentrarse en la creación. “Prueba de esto es que en la Asociación de Escritores de Asturias sólo estamos dos profesores de Literatura, hay más médicos y abogados. La causa de esta deserción puede estar en el respeto reverencial con que nos hicieron ver los textos literarios, lo que los convierte en sagrados, intocables. De ahí que pocos profesores se atrevan con la creación”, señala Armando, que estuvo de presidente de esta Asociación de Escritores de Asturias durante dos años.

“En la Asociación de Escritores de Asturias sólo estamos dos profesores de Literatura, hay más médicos y abogados. La causa de esta deserción puede estar en el respeto reverencial con que nos hicieron ver los textos literarios, lo que los convierte en sagrados, intocables. De ahí que pocos profesores se atrevan con la creación”

“Ahora estoy sólo como socio y dirijo la revista digital de la Asociación, que se llama ‘Literarias’. Llevar una asociación sin ánimo de lucro y con muy pocos ingresos es agotador, es un puesto que suele rotar entre los socios más solícitos”, afirma el autor de  ‘Los zapatones del quincallero’, “un libro basado en leyendas, tradiciones perdidas, viajes exóticos, sueños, amores, etc., una historia donde la imaginación fue el único motor… una reacción a la lógica académica de la tesis”, de su tesis doctoral sobre el léxico minero, que le llevó cinco años, resultándole agotador “porque en una tesis doctoral debe comprobarse todo lo que se afirma o buscar el origen de lo que se da por sabido”. De ahí surgió su ‘Vocabulariu de la minería en L.laciana y Degaña’, precisa este apasionado de la creación literaria (novela, relato, teatro) y la naturaleza. No en vano, ha escrito y dirigido varias piezas teatrales.

En la actualidad, el creador de ‘El día que me quieras’, además de dirigir ‘Literarias’, la revista de la Asociación de Escritores de Asturias, ha comenzado con un blog cuyo título es ‘El gamusino (Literatura y Natura)‘.

Entrevista breve a Armando Murias Ibias

“En estos momentos me da miedo que determinadas palabras (democracia, autoritarismo, violencia, etc.) se usen con significados opuestos”

¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?

De vez en cuando me gusta volver a leer algunas hojas de los libros que tengo en la biblioteca, por tanto no podría decir títulos ni autores. No me paro a considerar la calidad, sino el recuerdo que tengo del libro.

Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).

Turgueniev dijo que los personajes literarios son hamletianos o quijotes. Me gustan más los aventureros intrépidos e idealistas que los que dudan de sus actuaciones, como Hamlet.

Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).

Hay muchos y los olvido, pero siempre quedará por ahí un libro o una cita de Paulo Coelho.

Un rasgo que defina tu personalidad.

Me temo que iba a ser muy subjetivo. Prefiero que lo digan otros.

¿Qué cualidad prefieres en una persona?

Sinceridad

¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?

En estos momentos me da miedo que determinadas palabras (democracia, autoritarismo, violencia, etc.) se usen con significados opuestos. Esto es un problema lingüístico que impide comunicarnos y llegar a acuerdos.

¿Qué es lo que más te divierte en la vida?

Reír.

¿Por qué escribes?

Por lo mismo por lo que hablo. Los humanos somos ‘homo narrans’, como muy bien defiende JM Merino. Este valor grupal en la comunicación (contar y que nos cuenten) nos hace únicos, nos diferenció de otros animales en el pasado y nos diferenciará de las máquinas inteligentes en el futuro.

¿Crees que las redes sociales, Facebook o Twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?

Las redes sociales son sistemas de mensajería rápida que no tienen en su base un valor artístico.

¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?

El primer libro que cayó en mis manos fue un diccionario, y con él me imaginé cómo podría ser el mundo, con selvas y océanos. Con él busqué siempre la inspiración, hay palabras (por su sonoridad u oscuridad), que me transportan a otros mundos. Después tuve un mapamundi donde podía poner el dedo en cualquier parte del globo. A continuación, llegaron los libros, que no hacen más que poner en movimiento un diccionario y un mapamundi.

¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?

Tengo el blog ‘El gamusino’, en el que doy cabida a la literatura y a la naturaleza. Puede ser una magnífica herramienta literaria en la que el autor participa en todo el proceso creativo sin intermediarios. Me parece que es literatura pura porque no está sujeto a las leyes del mercado. Además, es muy democrático, casi todo el mundo puede tener el suyo para mostrar sus inquietudes de cualquier índole.

Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.

Y, sin embargo, se mueve.

Esto es Jauja

Sí, Jauja está más cerca de lo que podamos pensar.

Algunos escritores, sobre todo los más ligados al realismo mágico, construyeron en las páginas de sus libros territorios míticos (Macondo, Comala, Santa María, Yoknapatawpha), aunque esa fantasía ya existía desde antiguo en el imaginario del español popular.

Fueron los árabes los que dan ese nombre (con el significado de paso, pasillo, pasadizo) a un lugar habitado en Córdoba, pero la popularidad de la leyenda vino con el dramaturgo Lope de Rueda, que en 1547 publica el paso titulado “La tierra de Jauja”,  donde unos buscavidas engañan al tontorrón de Mendrugo al decir que «En la tierra de Jauja hay un río de miel y otro de leche, y entre río y río hay una fuente de mantequilla y requesones, y caen en el río de la miel», y también «un lugar en donde pagan a los hombres por dormir» o «una tierra en donde azotan a los hombres que se empeñan en trabajar».

La leyenda de una tierra paradisíaca tan fértil y rica ya la llevaban grabada en sus cabezas los hombres de Pizarro cuando en 1534 no tuvieron problemas al bautizar con el nombre de Jauja a una de las tierras más prósperas del virreinato de Perú.

Pero no es necesario ir tan lejos. En Asturias también tuvimos ese lugar idealizado, aunque eso ya forma parte de un pasado reciente. Los restos pueden verse en Pola de Siero, en el Bar Jauja:
Está situado en la antigua carretera general, hoy semivacía. Seguramente, en sus mejores tiempos, muchos pasajeros se detuvieron en este sitio atraídos por la magia del nombre. Son otros tiempos, otras inquietudes, otros sueños, pero hechos de la misma sustancia, con las mismas ilusiones, y con los mismos recuerdos.

Tempus fugit

Berlín, a pesar de todo

Como el oso, que simboliza a la ciudad, Berlín a lo largo del último siglo tuvo la energía suficiente para rampar por el monte de la historia. Después de un triste periodo de hibernación en el que su vida quedó reducida a la mínima expresión, hoy muestra una actividad envidiable, a pesar de las cicatrices que recorren su cuerpo alambrado.

De Berlín me habían dicho que era un islote dentro de Alemania, algo diferente. También había leído que de Berlín no quedan ni las piedras, que la ciudad entera había sido derretida por las bombas de los vencedores, que así quisieron aniquilar toda posibilidad de renacimiento. Y es verdad.

Puerta de Brandenburgo

Pero de ese fuego y de ese aislamiento surgió algo sorprendente. En lo más profundo del fango más infamante de la historia se formó esta ciudad en la que queda reflejado todo lo que existe en el mundo. Hoy es posible contemplarla con nitidez, con las imperfecciones que el cincel de la historia la esculpió, repleta de mataduras, con las aristas que reflejan su constitución poliédrica y vitalista. En los costurones todavía calientes del Muro que durante 28 años escenificó con mayor dramatismo la Guerra Fría todavía es posible sentir el vértigo de la libertad y de su antónimo. Fueron unos años en los que la ciudad, partida en dos y ocupada por los ejércitos que se repartieron la bola del mundo, trataba de enseñar a la otra mitad (y a su mundo: el este y el oeste) lo mejor que podían ofrecer. Fue el escaparate donde se exhibían a escasos metros de distancia (siempre alambrados, electrificados, amurallados) la propaganda de los dos sistemas que más de una vez estuvieron a punto de colisionar.

Una parte del Muro en East Side Gallery. Construido en 1961, fue derribado el 9 de noviembre de 1989

En sus ojos de animal inquieto brillan los 17 años que en los que Berlín fue capital del Reino de Prusia, los 47 años como capital del Imperio, los 14 que lo fue de la República de Weimar y los 12 del III Reich. Desde 1990 es capital de la República Federal de Alemania y el remozado Reichstag acoge a los parlamentarios desde 1999.

Prueba de esa vitalidad es que sobre sus escombros se levantaron las dos operaciones urbanísticas más importantes y singulares de Europa: el Palacio de los Obreros de la kilométrica Karl Marx Allee en la zona ocupada por las tropas soviéticas, y la Potsdamer Platz, ubicada en otros tiempos en un cruce de caminos donde se instaló el primer semáforo de Europa, que después quedó convertida en tierra de nadie atravesada por el Muro.

Trabant, el coche más usado en la RDA

Sus gentes, constreñidas por el aislamiento y la penuria, siempre supieron que el cielo sobre Berlín era igual para todos, un cielo en el que brillan estrellas como Walter Gropius, Bertolt Brecht, Marlene Dietrich o Albert Einstein. De la cultura de la parte occidental lo sabemos casi todo a través de los medios de comunicación y de las diferentes manifestaciones artísticas, aunque nunca está de más recurrir a la recientemente fallecida Christa Wolf, que desde el Berlín oriental indaga sobre la naturaleza del autoritarismo alemán (El cielo dividido, 1963). Más recientemente, Uwe Tellkamp (nacido en la RDA en 1968) es el gran narrador de la decadencia de la República Democrática Alemana, de los días que preceden a la caída del Muro de Berlín, al seguir la mejor tradición de la novela alemana con un texto rico y exuberante como años atrás pudiera haber escrito Thomas Mann. (La Torre, Ed. Anagrama, Panorama de las Narrativas, 2011, Deutscher Buchpreis.)

El oso de la ciudad en ningún momento esconde sus garras de animal salvaje y es posible visitar los museos de la terrible Stasi (Seguridad del Estado de la RDA), del Holocausto, del Muro y otros 363 museos repartidos por la capital alemana, premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2009.

 

 

 

 

Publicado en LITERARIAS (24/04/2012)

PSIQUIATRÍA Y LITERATURA EN EL QUIJOTE

La figura de Don Quijote, una anacrónico caballero andante que pierde el juicio por la lectura de libros sobre pendencias, batallas, desafíos, requiebros, amores, tormentos y disparates imposibles atrajo inmediatamente la atención de la Psiquiatría, que desde el primer momento lo toma como sujeto típico en su análisis.

A Sigmund Freud le interesaba tanto este personaje que estudió español para leerlo en su lengua original, aunque todavía le gustó más EL COLOQUIO DE LOS PERROS, en la que dos canes que han recibido repentinamente el don del habla se intercambian experiencias y reflexiones y comentan los recuerdos que guardan en el fondo de la memoria y que sólo de tarde en tarde salen a la luz. Freud comentó posteriormente que muchos de los conceptos desarrollados en su teoría del psicoanálisis los debía a sus lecturas de las obras cervantinas y reconoció abiertamente que las ideas del escritor español ejercieron gran influencia sobre él.

En España, el psiquiatra Francisco Alonso Fernández (catedrático de la Complutense y miembro de la Real Academia Nacional de Medicina) dice en El Quijote y su laberinto vital : “El Quijote es una novela psicopatológica protagonizada por un enfermo mental” .

¿Qué características tiene su enfermedad?

Según el doctor, es un usurpador porque le arrebató el nombre a Alonso Quijano

Sufre trastorno bipolar —lo que también se llama trastorno maníaco-depresivo. De ahí que tenga comportamientos dispares entre la locura y la cordura.

Según el doctor Alonso, el delirio de grandeza que sufre el hidalgo manchego —creer que es el mejor caballero andante del mundo— le conduce a una metamorfosis que transforma su personalidad. Así, el hidalgo Alonso Quijano se convierte en el caballero Don Quijote y cambia de rasgos psíquicos, sociales e incluso físicos, porque el protagonista se siente más fuerte, más poderoso, más noble y más importante a raíz de la transformación. Por otra parte, el Don Quijote que acaba de nacer sufre delirios que no sólo le transforman a él, sino también al mundo que lo rodea, es el caso del ventero que se convierte en alcaide de un castillo, los molinos en gigantes, la bacía de barbero en un yelmo finísimo o la misma ínsula de Barataria.

Otra característica de su enfermedad es la hipomanía, la tendencia a desprenderse de propiedades y a realizar grandes gastos, como ocurre cuando empieza a vender sus propiedades para aumentar su biblioteca.

Además, el protagonista padece brotes psicóticos que le provocan una distorsión de la realidad que posteriormente remite. Después de ver los molinos como gigantes, los vuelve a contemplar tal como son (aunque siga pensando que él tenía razón y que eran gigantes). Si en el episodio de los molinos o en el de los batanes la imaginación del hidalgo podría pasar por pura extravagancia, en el caso de las figurillas del retablo de maese Pedro se produce ya una distorsión total de la realidad, y ése es uno de los elementos reveladores de una grave enfermedad mental psicótica, según el análisis del doctor Alonso. Se trata de unos muñecos que un titiritero ambulante lleva de pueblo en pueblo y que representan la historia amorosa de Gaiferos y Melisendra. Don Quijote los toma por personajes reales, lo que le empuja a destrozar el teatrillo del pobre cómico.

Hasta el final de la obra continúan las demostraciones de locura de Don Quijote, quien sólo recobra la lucidez y la paz durante el breve periodo que precede a su muerte. Para Alonso Fernández, éste es uno de los rasgos más esclarecedores de la novela. “Es un detalle muy importante que nos revela el grado de conocimiento que tenía Cervantes acerca de las enfermedades mentales. Don Quijote recobra su identidad cuando sufre una afección febril grave”. En círculos médicos era sabido, explica el experto, que había trastornos mentales que se recuperaban cuando sobrevenía una afección corporal de cierta gravedad, sobre todo un proceso febril. “Tanto es así que hasta bien avanzado el siglo pasado se provocaba la fiebre para combatir cuadros de tipo hipomaníaco. Era un método que se llamaba piretoterapia —terapia por la fiebre—, y es evidente que se trata de algo bien conocido por Cervantes”, añade. Lo cierto es que en medicina muchas veces se conocen los hechos, pero no los mecanismos que los originan. “Se sabe que con la fiebre se normaliza el funcionamiento cerebral y que la personalidad del paciente experimenta vivencias de preocupación por su estado físico que le apartan de su delirio”.

Según el psiquiatra, Cervantes sabe de lo que escribe porque su padre había sido cirujano y por tanto conocía la práctica médica que aplica al caballero andante y también al protagonista de El Licenciado Vidriera, otro caso en el que el protagonista padece una enfermedad mental.

Otra posición más moderada dentro de la Psiquiatría la defiende Carlos Castilla del Pino en su libro Cordura y locura en Cervantes (Ed. Península). En su opinión, lo único que pretendió Cervantes fue reflejar los intentos de su personaje por llevar a la práctica lo que deseaba en su fantasía. Su perspectiva es diametralmente opuesta a la de Alonso Fernández: “El novelista hace lo que le da la gana con sus personajes de ficción y no podemos atribuirles una categoría diagnóstica”.

Carlos Castilla del Pino dice que El Quijote es un personaje delirante, una enfermedad que surge en la madurez y que tiene que ver con las frustraciones de la vida, la falta de reconocimiento social.

La figura del ingenioso, valiente, famoso y enamorado caballero cambia totalmente si lo observamos desde una óptica exclusivamente literaria. Para ello nos vamos a detener en el capítulo XXV de la primera parte, que lleva como título: Que trata de las extrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de la Mancha y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros.

Efectivamente, Don Quijote imita a los caballeros andantes de las novelas que él admiraba, en especial a Amadís de Gaula. Este cambia de nombre a Beltenebros porque no se siente correspondido por el amor de Oriana y se retira a hacer penitencia en Peña Pobre. Don Quijote hace lo mismo, lo imita, cambia el nombre a Caballero de la Triste Figura y se retira a Sierra Morena.

Frente a ese mundo literario que el protagonista imita, surgen las preguntas desde la realidad, las que le formula su escudero:

Sancho Panza: ¿qué es lo que vuestra merced quiere hacer en este tan remoto lugar?

A lo que responde don Quijote: quiero imitar a Amadís haciendo aquí del desesperado…

Sancho vuelve a la carga desde la realidad: ¿qué causa tiene para volverse loco?, ¿qué dama le ha desdeñado o qué señales ha hallado que le den a entender que la señora Dulcinea del Toboso ha hecho alguna niñería con moro o cristiano?

Ahí está el punto -respondió don Quijote-, y esa es la fineza de mi negocio, … el toque está en desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que, si en seco hago esto, ¿qué hiciera en mojado?

Cuando le dice Sancho que a Quijote no lo despreció ninguna dama responde el caballero andante:

—Sí, que no todos los poetas que alaban damas debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amarilis, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Fílidas y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las comedias están llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquellos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se las fingen por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo.

Después, el caballero expresa una de sus confesiones amorosas más notables:

—Y así, bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta, y en lo del linaje, importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo. Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar, más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa, ninguna le iguala, y en la buena fama, pocas le llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad.

De manera que el caballero reconoce ante Sancho que Dulcinea del Toboso es una invención suya, y que Aldonza Lorenzo es una campesina que no tiene la formación adecuada para poder leer la carta que le va a  enviar.

La relación que establece con Dulcinea del Toboso es la típica del amor cortés: elección de un nombre de moda en este tipo de literatura (Galatea, Melibea), Idealización de un amor inalcanzable y no correspondido que se entiende como una forma de vasallaje feudal, procedencia de un linaje lejano y supremo, así como la belleza y virtud que siempre acompañan a las damas por las que se lucha y se muere.

Pero todavía hay otra señal en este capítulo que nos permite entender que el caballero es una persona totalmente cuerda que actúa movido exclusivamente por el afán de imitar a sus héroes. Escribe dos cartas desde Sierra Morena.

Una se la envía a Dulcinea con la prosa del canon caballeresco, arcaizante y artificiosa, la firma con el nombre del Caballero de la Triste Figura. La otra, con una prosa común, comercial, se la envía a su sobrina para que le despache tres burros a Sancho y no la firma, solo la rubrica porque le dice a Sancho que con eso es suficiente porque tiene la suficiente credibilidad para su familiar. Si la tuviera que firmar, solo podría poner Alonso Quijano, su verdadero nombre.

En la redacción de estas dos cartas queda claro el estado mental del protagonista, capaz de distinguir situaciones, de diferenciar la realidad de la ficción, de separar el mundo que le rodea de la literatura que él imita y que el autor ridiculiza.

 

–Exposición ofrecida en las XVII Jornadas Literarias en Pravia organizadas por la Asociación de Escritores de Asturias el 14 de octubre.

–Los dibujos que acompañan al texto son de Gustavo Doré

 

 

 

 

 

 

Las brasas de los clérigos

En escasas ocasiones reflexionamos sobre los mecanismos más materiales y cercanos que mueven los atentados terroristas.

Nos hablan de odio, fanatismo, racismo o la difícil integración social. Pero detrás de los pistoleros siempre hay unas personas que avivan esas llamas del odio, y los adoctrinan en la violencia y la intransigencia.

En el caso catalán de este 17 de agosto nos dicen que el instigador fue el imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty. Ripoll es el caldo de cultivo perfecto para estas acciones. Tiene un 5% de musulmanes debido a la política inmigratoria de la Generalitat que prioriza la llegada de norteafricanos no hispanohablantes para una mejor inmersión lingüística en detrimento de la inmigración sudamericana, más reacia a ese tipo de inmersión catalanista.

Esta semana acabé de leer Patria, de Fernando Aramburu. Aunque trata de otro tipo de terrorismo, nos dice lo mismo. Es el cura don Serapio el que fomenta la barbarie del terrorismo de ETA. En la página 472 habla Joxian, el padre del etarra Joxe Mari, condenado a varios años de prisión por diversos asesinatos:

-¿El cura? No me lo nombres. Menudo pájaro. Ese es de los peores, te lo digo yo. Les va con cuentos a los jóvenes, les mete ideas y los calienta. Y cuando pasa lo que pasa, se echa para atrás, predica y da de comulgar con carita de santo. […] ¿No ves que el cura les deja los bajos de la iglesia para que los chavales guarden allí sus pancartas y banderas y sus botes de pintura.

En ambos casos, el clérigo es la mano negra que enciende y aviva las brasas incendiarias del terrorismo que funden y moldean la personalidad de unos jóvenes para convertirlos en una célula terrorista dispuesta a matar en nombre de una patria.

Los judíos errantes de Hervás

Los judíos errantes de Hervás

Hervás es uno de esos lugares fronterizos que tanto me gustan por su mestizaje. Perteneció al ducado de Béjar (señorío de los Zúñiga) hasta 1816, y poco después pasa a ser una villa extremeña, aunque está más cerca de Salamanca (98 km) que de Cáceres (113 km).

El asentamiento se funda en la Edad Media en torno a la devoción a Santihervás (de ahí su topónimo) por parte de los templarios que, entre otros monumentos, nos dejan su antiguo castillo.

La Casa Ducal de Béjar se caracterizó por su tolerancia (en la villa convivieron las tres grandes culturas medievales) y por su mecenazgo (Cervantes dedica el Quijote al duque de Béjar, lo mismo que Góngora con las Soledades), así como su apoyo a la industria, sobre todo a la textil para aprovechar la lana de las ovejas, el agua y la madera de sus montes. Con el fin de fomentar su desarrollo el ducado trae a artesanos pañeros flamencos que en el XVIII crean una industria textil que continuó la burguesía con el liberalismo del XIX.

Aunque la capital de la industria textil estuvo en Béjar, también Hervás participó en esta actividad industrial, hasta su declive en la segunda mitad del siglo XX. En un principio es probable que a este fenómeno industrializador no fueran ajenos los judíos, más numerosos en la capital (Béjar) que en Hervás, en la que no se documenta su presencia nada más que a partir del XV, cuando huyen del ambiente antijudío que se extendía por la meseta o cuando ya habían sido expulsados por los Reyes Católicos, y van de paso para Portugal, como otros muchos. Por tanto, la estancia de las 45 familias judías documentadas en Hervás es muy limitada en el tiempo, lo que hace difícil que hayan levantado el barrio que lleva su nombre.

La construcción típica del llamado barrio judío es en realidad arquitectura popular de la sierra, que consiste en el uso de sillarejo, adobe y madera, con paredes protegidas por teja árabe, pero faltan los soportales en los que los comerciantes expondrían sus productos al resguardo de las inclemencias atmosféricas, el cementerio, los baños y falta la ubicación documentada de una sinagoga, imprescindible en su cultura.

La realidad es que Hervás tiene una parte humilde en su arquitectura situada en la cuesta que lleva al río Ambroz, y otra zona más noble, donde se asientan las iglesias y el castillo, en la parte llana, alta y soleada donde predomina la piedra labrada en las construcciones y la amplitud en sus calles. Es probable que las familias judías que pasaron por Hervás se instalasen transitoriamente en la zona más deprimida de la villa, y de ahí el nombre del barrio.

A unas conclusiones similares llega el escritor austriaco Erich Hackl, estudioso de la convivencia con los judíos en la época nacionalsocialista, que quedó intrigado por el arraigo tan significativo que dejaron los judíos en una villa periférica en lo económico, geográfico, político y social.

Aunque también pudiera ser que en el Romanticismo más idealizante y nostálgico, Maruxa, la legendaria judía errante por la Fuente Chuiquita y el bosque de castaño de La Chorrera, transmitiera por todas las esquinas nocturnas el dicho:

En Hervás, judíos los más.

 

El Sil, el río que quiso ser rebelde

El Sil no es un río cualquiera. No se dejen engañar por la brevedad de su nombre, casi un silbido. También el recorrido de sus aguas es breve, intenso, profundo, con ecos donde anidan las rapaces.

Nacimiento del Sil

Como sus hermanos, nace para correr hacia el sur mesetario donde hunde su indolencia el Duero, pero con los primeros pasos deja clara su rebeldía, da un giro inesperado y decide marcar una ruta diferente, por bosques y valles a los que quiere bautizar con sus aguas. Aunque en esta aventura no sale bien parado, según lo expresa el dicho popular: El Sil lleva el agua y el Miño la fama.

En tan corto recorrido, sus aguas nacidas de las nieves de la cordillera Cantábrica horadan tierras agrestes para buscar lo más profundo de los valles que forman cañones, y esa va a ser su desgracia porque los humanos lo domestican con docenas de embalses en los que la fuerza de sus aguas queda enjaulada. Esa riqueza hidroeléctrica no va a ser la única que le extraigan los humanos. Ya los romanos encontraron en su vientre las pepitas de oro más grandes del Imperio, desde el nacimiento hasta el final, pero sobremanera en las Médulas bercianas.

Las Médulas

Además, toda su cuenca abriga las mayores vetas carboneras para teñirlo de negro, igual que las pizarras que cubren las casas de la ribera, negras y brillantes como las escamas de un lagarto que esconde su osadía agazapado en bosques milenarios.

Canón del Sil, poco antes de dar sus aguas al Miño

Sobre su cauce levantaron los caballeros templarios los mejores castillos (Ponferrada y Cornatel) para proteger los caminos y los amores frustrados de los que nos habla Enrique Gil y Carrasco (nacido en estas tierras bercianas hace 200 años) en la novela romántica “El señor de Bembibre”.

Al final del recorrido no quiere dejarnos con mal sabor de boca y riega los terrenos con la uva tinta Mencía en el Bierzo, la blanca Godello en Valdeorras y los viñedos más escarpados de Europa donde maduran los vinos de la Ribeira Sacra, repleta de monasterios al borde del precipicio. En lo alto del cañón insondable siempre habrá algún monje de un convento medieval que bendiga las aguas amansadas por el ingenio humano antes de mezclarse con las del Miño.

 

 

Publicado en agosto de 2015 en LITERARIAS

 

Picos de Europa

Escribió el filósofo alemán Nietzsche que el camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio. Y el silencio es una de las primeras notas sensitivas que ofrecen los Picos de Europa. Pocos animales viven en estas alturas inhóspitas que los humanos siempre miraron con respeto y distancia. Las acusadas inclemencias meteorológicas también impiden el crecimiento de vegetación, solamente unos hierbajos se acurrucan al abrigo de enormes roquedales contra los que choca el viento, el único gemido de soledad que se puede oír.

Son los cuatro elementos esenciales de estas alturas (viento, agua, hielo y nieve)  los que dibujan y pintan los farallones con los colores que nos indican sus topónimos (Peña Blanca, Picos Albos, Peñalba, Torre Bermeja, Horcados Rojos, Coteras Rojas, El Naranjo de Bulnes, Altos del Verde).

Los tres macizos, desgajados de la Cordillera Cantábrica, ofrecen a la vista una verticalidad que da lugar a los mayores desniveles de todo el continente, así los cainejos, al lado del río Cares, viven 2.200 metros debajo deTorrecerredo, a menos de 40 kilómetros del mar.

Torre del Friero (2.445 m), Collado Jermoso (2.064 m) )y el valle de Valdeón (500 m) al fondo. Desde la Torre de Peñalba (2.607 m)

El 26 de abril de 1336 el poeta italiano Francesco Petrarca subió a lo más alto del Mont Ventoux, ese puerto que popularizó el Tour de Francia y en el que murió envenenado por la mezcla de estimulantes y alcohol el ciclista inglés Ton Simpson en 1967.

Desde la cumbre, Petrarca no hizo caso de lo que se extendía ante los ojos porque su mente ya había idealizado la visión que le destilaban sus lecturas del poeta latino Horacio. Es el paisaje bucólico (el tópico locus amoenus) que va a imperar durante siglos en la literatura europea de forma repetitiva. Es muy probable que ese día el monte estuviera cubierto de niebla, pero eso le daba igual porque desde el comienzo del ascenso llevaba en su cabeza un paisaje poetizado.

Mi experiencia en los Picos de Europa en la primera semana de julio de 2017 fue la contraria a la de Petrarca. Cada paso que di, me abrió la posibilidad de descubrir algo nuevo o desde otra perspectiva.

La verticalidad de sus paredes empequeñece la arquitectura gótica de las catedrales más esbeltas. Entre las grietas es posible ver arbotantes y simas que conducen al centro de la tierra. Y en lo alto, las agujas de las torres forman caprichosas filigranas que desafían al cielo.

El tiempo erosionó la roca de diferente manera, redondeándola como en el Urriellu, espigándola como en el pico de los Cabrones, desgajándola como en el Llambrión, amurallándola como La Palanca, angulándola como el piramidal pico Tesorero.

Torrecerredo y Urriellu desde La Palanca

A veces la piedra está cuarteada como tierra reseca, agrietada como un paquidermo que vive sus últimos días, pulida como una lápida expoliada o lavada con las tinturas rojizas y anaranjadas de un bazar turco.

Siempre es posible ver neveros antiquísimos como barcos varados en un paisaje lunar.

Aprovechando esa humedad pueden crecer minúsculos retales verdes que dan vida a humildes flores de vida efímera y colores deslumbrantes.

Lirio de montaña con la torre del Friero al fondo
Foto de Alfonso Contreras

Una de las pocas aves que vuelan en un espacio en el que empieza a escasear el oxígeno es la chova, un córvido que con sus vuelos acrobáticos, inverosímiles, intenta captar la generosidad de los pocos viajeros que por allí se mueven.

En este espacio vertical, solamente los rebecos y las cabras desafían la ley de la gravedad más elemental al moverse por las cicatrices que rasgan en todas las direcciones la faz de un guerrero dormido o sobre los mares de piedra suelta que las tormentas arrancan a las cumbres.

Al fondo, Peña Santa (2.596 m), en el macizo occidental
Pedrero en Torre del Friero

Pero los Picos tienen muchas más sorpresas. Un par de veces al año se puede ver el helicóptero que suministra víveres y otras necesidades a los refugios más inaccesibles. Y también se puede visitar Cabaña Verónica (Macizo oriental), una torreta metálica que ubicaba los cañones de un portaaviones que ahora sirve de refugio.

Cabaña Verónica
Foto de Víctor López

Si seguimos los hitos de piedras amontonadas podemos movernos por caminos imposibles, por encima de mares de nubes que cubren los valles queseros.

Hito que marca la ruta hacia la torre del Llambrión (2.642 m)

E incluso es posible ver y escuchar una música celestial que canta algún grupo religioso, como en el pico Jermoso, cuando el sol se esconde tras el macizo del Cornión. Es entonces cuando los sentidos se tiñen de emociones.

Anochece en el macizo del Cornión desde Callado Jermoso

 

Blog de WordPress.com.

Subir ↑